Hoy, más de 40.000 voces se unieron en Bogotá para defender una tradición arraigada en la cultura colombiana: la gallística. La marcha, que reunió a galleros, criadores y aficionados de todo el país, busca hacer un llamado al presidente Gustavo Petro para que reconsidere su postura frente a esta práctica y, en lugar de prohibirla, se centre en su regulación.
La gallística, como actividad cultural, tiene una larga historia en Colombia, con raíces que se remontan a la época colonial. Para muchas familias, especialmente en zonas rurales, la crianza de gallos de pelea no es solo un pasatiempo, sino una forma de vida que se ha transmitido de generación en generación.
Un motor económico que no se puede ignorar:
Más allá de su valor cultural, la gallística representa una importante fuente de ingresos para miles de familias colombianas. Criadores, cuidadores, veterinarios, fabricantes de alimentos y accesorios, organizadores de eventos y comerciantes, entre otros, dependen directa o indirectamente de esta actividad.
Es importante destacar que la industria gallística paga impuestos y contribuye a la economía nacional. Prohibirla implicaría un duro golpe para este sector, dejando a muchas familias sin sustento y afectando la economía local en diversas regiones del país.
Regular, no prohibir:
Los manifestantes no se oponen a la regulación. De hecho, la consideran necesaria para garantizar el bienestar animal y prevenir el maltrato. Un marco regulatorio adecuado permitiría controlar las peleas de gallos, establecer normas claras para su desarrollo y asegurar que se lleven a cabo de manera responsable y ética.
La prohibición, en cambio, no solo acabaría con una tradición cultural y una fuente de ingresos, sino que también podría dar lugar a la proliferación de peleas clandestinas, donde el maltrato animal sería aún más difícil de controlar.
Un llamado al diálogo:
La multitudinaria marcha de hoy es un claro mensaje al gobierno: la gallística es una realidad en Colombia y no puede ser ignorada. Es hora de abrir un espacio de diálogo entre las autoridades y los representantes del sector para encontrar una solución que respete la tradición, proteja a los animales y garantice el sustento de miles de familias colombianas.
La regulación, y no la prohibición, es el camino para asegurar la supervivencia de la gallística como parte del patrimonio cultural colombiano.
